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    El buen gobierno en las fundaciones

    01/08/2009
    buen gobierno fundaciones

    La transparencia resulta fundamental para crear una cultura de buen gobierno


    Reflexionar acerca del Buen Gobierno en el sector fundacional implica partir de una premisa previa que condiciona a dichas instituciones: su naturaleza mixta, entre el Estado y el mercado. De hecho, el debate se reabre cuando estas instituciones aparecen en toda su dimensión real, ofreciendo una potencia irreconocible y una influencia en el mercado superior a la esperada. Según el socio de Uría y Menéndez Cándido Paz- Ares, el estudio del gobierno corporativo muestra como todo sistema de gobierno bien ordenado se articula en torno a tres ámbitos: libertad, publicidad y responsabilidad.
    Desde los estándarers de referencia de las empresas privadas, podría decirse que las organizaciones sin ánimo de lucro parten con un gobierno corporativo debilitado, al no vincular necesariamente intereses particulares e intereses generales de la organización a través de sistemas de retribución como los que relacionan las contrapartidas de directivos e inversores al valor económico de los activos gestionados o controlados.

     


    Por esta razón, es de esperar que ajenos a la búsqueda de contrapartidas personales, la implicación activa de los patronos en labores de supervisión de los equipos directivos sea, en general, escasa, lo que puede llegar a derivar en discrecionalidad de los directivos a la hora de tomar decisiones. Por otro lado, los propios beneficios fiscales pueden ser un elemento que reduzca los incentivos de los donantes a supervisar qué se hace con sus donaciones.
    Si a esto le sumamos la habitual escasez de recursos y la consiguiente menor profesionalización en sus equipos, pueden surgir importantes estímulos para generar líderes orientados, sobre todo, internamente y hacia los recursos, en lugar de externamente y hacia la misión.

     


    Lo que realmente distingue a las a las organizaciones sin ánimo del lucro del resto de sociedades mercantiles es la decisión voluntaria en su constitución de renunciar a la apropiación privada de los excedentes entre ingresos y gastos entre quienes tienen poder para decidir sobre el uso de los activos de la entidad, que estatutariamente se puede establecer a quién se destinan esos beneficios. Sin embargo, el problema de gobierno al que se enfrenta la organización no lucrativa es similar al de la empresa lucrativa: conseguir un uso eficiente de los activos tangibles e intangibles de la persona jurídica que sirve de nexo de unión entre clientes (incluidos los donantes), trabajadores, inversores financieros, equipos de dirección y comunidad en general. El gobierno corporativo de las
    fundaciones deberá dotarse de los mecanismos que encaucen esas actuaciones en la dirección de la eficiencia colectiva materializada en hacer máxima la riqueza atribuible a los activos de la organización. Teniendo en cuenta que la organización sin ánimo de lucro no renuncia al beneficio como indicador de eficiencia, sino a que ese beneficio vaya destinado a retribuir a quienes concentran el poder de decisión. Por tanto, la organización sin ánimo de lucro debe articular los mecanismos de incentivos ex ante y control ex post, sujetos a esta restricción sobre el destino final de los beneficios. Dado que los mecanismos internos de control para asegurar la eficiencia son relativamente limitados
    en las organizaciones sin ánimo de lucro, resulta harto vital que actúen los mecanismos de control externo, los mercados de productos o servicios donde las organizaciones sin ánimo de lucro compiten por atraer donaciones monetarias de particulares, subvenciones públicas, tiempo de voluntarios o estudiantes y pacientes.

     

    Más allá de la ley

     


    Aunque las leyes y los códigos de buen gobierno son necesarios para garantizar que la actividad fundacional se desenvuelva dentro del clima de confianza requerido para la eficiencia en la gestión y el progreso social, la experiencia demuestra que ni las leyes más exigentes ni los códigos mejor elaborados resultan suficientes para garantizar el buen gobierno de las entidades del tercer sector.

     


    Este exige, además, competencia profesional y un comportamiento ético por parte de patronos, representantes institucionales, administradores y gestores, que impulse, en todo momento, buscar el bien de la fundación a largo plazo, por encima de sus propios intereses a corto plazo. El respeto hacia los valores éticos en la vida profesional es imprescindible y sin él las reglas y prácticas relativas al gobierno de la empresa resultarán insuficientes. En último término, que la sociedad conozca mediante mecanismos de transparencia consensuados de la ejemplaridad de los órganos de gobierno y administración de las fundaciones (memorias anuales, página web) resulta imprescindible para crear una cultura de buen gobierno, y por ende, construir confianza y consolidar el sector. En otras palabras, el tercer sector necesita órganos de gobierno cuyos miembros se impliquen en la dirección estratégica de la organización, a poder ser, con grandes dosis de liderazgo y representatividad. Otro elemento de debilidad de los órganos de gobierno de las fundaciones es el sistema de elección de los patronos, alejado de los mecanismos de mercado y criterios de competitividad. Si a ello le añadimos la escasa proliferación de sistemas de evaluación y seguimiento de la eficiencia individual de sus miembros y del patronato como grupo, así como de los reducidos ratios de asistencia a las reuniones, y las cifras bajas de renovación en sus miembros, configuramos un escenario frágil a la hora de ejercer un adecuado sistema de gobierno corporativo desde el patronato, por la dificultad de ejercer sus funciones naturales (supervisión y control) para con el equipo directivo.

     

    Todo esto hace imprescindible que el tercer sector avance de forma armonizada en su profesionalización y en la implementación de sistemas de gobierno corporativo (códigos de buen gobierno, cuadros de indicadores), y además, lo sepa trasladar a la sociedad, incorporando la transparencia a su quehacer diario, ya que, de este modo, la interacción entre sus órganos de gobierno va a realizarse con mucha más eficacia, y por ende, su labor, de gran importancia para una sociedad ecléctica, se verá legitimada en mayor medida. Y para ello puede analizarse el benchmarking de las fundaciones grant-giving hegemónicas en los Estados Unidos, estrechamente ligadas al capitalismo de mercado, tanto en el origen de sus fondos como en su modus operandi.
     

    Autora: Isabel  Giménez.  DG de la Fundación de Estudios Bursátiles y Financieros.

    Fuente: RSC/Estrategia Empresarial.

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