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    Aprendí a tomarme la vida menos en serio

    15/06/2015

    Nuestra compañera Marta viajó a Nepal el pasado invierno y vivió allí su segunda experiencia de voluntariado internacional. Le hemos pedido que nos la cuente y no ha dudado en compartir con nosotros qué estuvo haciendo en Katmandú, cómo se sintió y cómo ha sido la vuelta a la realidad. Merece la pena leerlo punto por punto, da que pensar…


     

    • ¿Cuándo te fuiste a Nepal y por cuánto tiempo?

     Me fui a Nepal del 26 de noviembre al 13 de diciembre de 2014.

     

    • ¿Por qué Nepal?

    Sabía que quería irme dos semanas de voluntariado pero no tenía claro dónde. Y en la web de World Wide Helpers (que reúne proyectos de voluntariado de todo el mundo) encontré un proyecto en Katmandu que me gustó. En realidad encontré dos y estuve una semana en cada proyecto, con la misma ONG, “Future Nepal”.

     

    • ¿Qué hiciste allí?

     
    La primera semana fui a un orfanato en Lalitpur, en la ciudad de Patan, en el valle de Katmandú. Era una casa en la que vivía un matrimonio, Sujan y Anita, con sus dos hijos y diez niños más que habían sido o bien encontrados en la calle o bien entregados por familiares que no podían hacerse cargo de ellos.

    Yo me alojaba con ellos, ayudaba en las tareas de casa y me encargaba de los niños. De levantarles por la mañana, servirles el desayuno, vestirles, etc. Les acompañaba al colegio y les recogía por la tarde y les llevaba a casa. Allí les daba de merendar, hacíamos deberes y después jugábamos. nos enseñábams entre nosotros canciones y bailes; saltábamos a la comba, hacíamos malabares...

    Después de esa semana estuve en un monasterio enseñando inglés a los monjes, de entre 7 y 17 años, que vivían ahí (40 en total).

     

    • ¿Qué tal con los niños de Lalitpur?

    Eran unos niños muy cariñosos que te llenaban de besos y abrazos todos los días, que no paraban de reír, que se ayudaban entre ellos cuando tenían dudas con los deberes, cuando se vestían o cuando se peinaban. Tenían una rutina muy establecida y sabían perfectamente qué tenían que hacer en cada momento. Cuando les llamábamos para comer, cada uno se sentaba alrededor de la mesa en silencio y esperaba a que se le sirviera su plato. Tras la comida hacían una fila y uno a uno iban lavando su plato.


    El espíritu de superación y el optimismo lo veía cada día en sus sonrisas constantes, en la ilusión que tenían por hacer los deberes y por aprender. Por ayudarse unos a otros y por mostrar orgullosos lo que habían aprendido.

     

    • ¿Cuál era la situación de esos niños?

    Pasaban frío. Las noches eran frías y no había calefacción. Allí, aunque llevaras varias capas, tenías frío en las manos, pies y nariz. Yo sentía frío e iba más abrigada que ellos. Me sentía mal por toda la ropa que yo llevaba y evitaba hacer cualquier gesto que dejara ver que estaba pasando frío mientras ellos intentaban olvidarse jugando.

    También veía cómo cada día se quedaban con ganas de comer un poquito más. Devoraban la comida y lamían sus platos, literalmente. Y la comida siempre era la misma: arroz y una cucharadita de lentejas. Si había suerte ese día lo acompañaban de algunas patatas o verduras. Recuerdo que el último día les llevé plátanos a todos y dieron saltos de alegría. Nunca había visto a nadie intentar sacar el máximo provecho de la cáscara de un plátano...

     

    • ¿Qué hacías en tu tiempo libre?

    Mientras ellos estaban en el colegio yo tenía tiempo libre, así que iba todos los días a Patan Durbar Square (zona que ha quedado bastante derruida tras el terremoto), a unos 10 minutos en bus de donde vivían. Allí conocí a un guía turístico nepalí con el que hice buenas migas y con el que quedaba todas las mañanas allí después de dejar a los niños en el colegio. Cada día íbamos a visitar un sitio diferente.

     

    • ¿Has seguido en contacto con ellos después de la experiencia?

    Sí, he seguido en contacto con ellos, más aún después del terremoto. Enseguida contacté tanto con la gente del orfanato y del monasterio como con mi amigo el guía, Jay. Todos me dijeron que estaban bien. Sujan y Anita me enviaban emails casi cada día. Me decían que estaban bien, la casa apenas había tenido daños pero estaban durmiendo en el campo, a la intemperie, por temor a una réplica del terremoto. Así estuvieron varios días. Jay me envió fotos de cómo había quedado Patan Durbar Square, donde nos encontrábamos cada día y donde él solía trabajar. Y no me lo podía creer. Ahora no está trabajando claro, dedica la mayor parte de su tiempo a ayudar a otras familias que se han visto afectadas. Sigo en contacto con él regularmente. De hecho es probable que a finales de año vuelva a ir allí.

     

    • ¿Cómo viviste la noticia del terremoto?

    El terremoto me impactó mucho. Solo pensaba que hacía apenas tres meses yo había estado paseando por esas zonas que ahora eran puro polvo. Me preocupé mucho por los niños. Y enseguida contacté con Sujan para saber qué necesitaban. Mis amigos y familiares también me preguntaron enseguida por ellos y me ofrecieron su ayuda.

     

    No era la primera vez. Estando aún en Nepal, mi madre hizo un donativo al orfanato, para construir una estantería y que los libros de los niños no estuvieran tirados en el suelo. Encargamos la madera pero no dio tiempo a que yo viera la estantería hecha antes de irme al otro proyecto al monasterio. Sujan inistiía en que yo viera lo que habían hecho con ese dinero, así que al final de mi viaje me pidió que pasara por el orfanato de nuevo, para despedirme y para hacer una foto y enviársela a mi madre dándole las gracias de su parte.

     

    • ¿Ha cambiado algo en tu vida después de esta experiencia?

    Después de una experiencia como esa, todo se vuelve relativo en tu vida. Ya no me preocupo tantos por las pequeñas cosas del día a día y aunque es cierto que poco a poco toda esa mentalidad con la que vuelves se desvanece poco a poco, aún continúa en mí.

    Mi experiencia en general fue muy buena y lo volvería a repetir sin dudar, pero es verdad que durante esas dos semanas allí hubo momentos malos: pasé hambre por primera vez, dormí todas las noches con frío que a veces incluso me impedía dormir, estuve varios días sin ducharme, cosa que nunca antes había experimentado. Pero es que a veces necesitamos pasar por eso para darnos de bruces con la realidad y ver lo afortunados que somos. De tener una nevera y una despensa llenas de todo tipo de comida, de tener calefacción, bañeras, etc.

    Ha cambiado mi perspectiva diaria en cuanto al hecho de compartir y de ser agradecido. Es algo que pasamos por alto y que tiene un gran impacto positivo en la persona que da gracias y en quien las recibe.

     

    • ¿Volverías a repetir?

    Era mi segunda experiencia de voluntariado. Hace unos años estuve en Marruecos saneando un colegio durante dos semanas. Y sí, lo volvería a repetir. Es una forma diferente de viajar y de conocer realmente el país y la gente que lo habita. Incluso sin compartir el idioma, siempre te entiendes con la gente.

     

    Aprendes a ser más abierto y tolerante, a intentar disfrutar del día a día como hacen ellos, a no tomarte la vida tan en serio...

     

     

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